Chistes para matarse de risa

Los chistes es una de los signos de identidad de los español y de los hispano en todo el mundo. 

Estamos recopilando los mil mejores chistes en español; los mejores son aquellos que emplean el sarcasmo, la ironía, el juego de palabras con remates para que sean divertidos. 

Pueden ser de muchas formas diferentes, y más allá de quien lo cuente tiene que hacernos reír y entretener a amigos y a curiosos. 

 

Setas y Rolex

Están dos vascos en el campo buscando setas. En eso que dice uno:
–La hostia, Patxi, mira: ¡¡¡un Rolex de oro!!!
A lo que contesta Patxi:
–¡Iñaki, cagüendiós! ¿Qué vamos, a por setas o a por Rolex???


El virus

–Por el virus, le hemos amputado el brazo.
–¿¡Qué virus!? ¡¡Si yo ingresé por unas hemorroides…!!!
–El virus informático. ¡No vea qué follón con los historiales!


Productos lácteos

–Pepito, di cinco cosas que contengan leche.
–¡Cinco vacas!


Clima Vasco

–Usted, como vasco, ¿qué opina del verano?
–¡Es mi día favorito del año!


Inauguración del cementerio

Dos amigos hablando de turismo:
–¿Y es bueno el clima en ese pueblo?
–¿Que si es bueno? Fíjate si es bueno, que hace poco inauguraron el cementerio, y tuvieron que matar a uno.


Esposa graciosa

Dos amigos se encuentran y le dice uno al otro:
–¿Sabes?, tu mujer es tela de graciosa: el otro día me contó un chiste, que casi me caigo de la cama.


Celebración de aniversario

Dos amigas charlando:
–¿Sabes cómo se llaman los habitantes de Santander?
La otra se encoge de hombros:
–Pues… todos no.


A palabras necias, oídos sordos

–Y usted ¿cómo es que no habla nunca?
–Es que soy sordomudo.


Pescadillas fritas

Llega un señor al médico con toda la cara quemada, llena de ampollas.
–¡Por Dios! ¿Qué le ha pasado?
–Es que mi mujer me dijo que friera las pescadillas con la cola en la boca…


Una placa

–¿Y es grave lo que tengo doctor?
–Pues… Me temo que habrá que hacerle una placa.
–¿De tórax?
–No, no, de mármol.


¿Tienen entradas?

Un tipo se acerca a las taquillas de un teatro:
–Hola, ¿tienen entradas?
–Sí…
–Buf, pues yo también tenía, y fíjese ahora… todo calvo.

 


Una adivinanza y una pista

Llaman por teléfono:
–Mamá, mamá, ¿a que no adivinas dónde estoy?
–Mira, hijo, llama más tarde, que ahora no tengo tiempo para adivinanzas…
–Ah, no puede ser, es que solo tengo derecho a una llamada.


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